Parte 3: La Mentira Que Los Puso En Peligro

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Claire sintió que la tablet pesaba demasiado entre sus manos.

La palabra exesposa brillaba en la pantalla como una amenaza.

Lily, sin entender nada, seguĆ­a sonriendo.

—”Mira, mami! Ā”Dicen que soy famosa!

Claire obligó a sus labios a moverse.

—Ve a tu cuarto un momento, cariƱo.

—Pero quiero leer—

—Lily.

La niña notó algo en su voz y obedeció en silencio.

Cuando la puerta del dormitorio se cerró, Claire giró lentamente hacia Daniel.

—ExplĆ­came.

Daniel dejó la bolsa de comida tailandesa sobre la mesa. De repente parecía menos un multimillonario poderoso y mÔs un hombre atrapado en una habitación que se estaba quedando sin aire.

—No es verdad —dijo.

Claire soltó una risa seca.

—Eso no fue una explicación.

Ɖl se pasó una mano por el rostro.

—SĆ© quiĆ©n publicó eso.

—Entonces dilo.

Daniel miró hacia el pasillo, donde Lily había desaparecido.

—Mi familia.

El estómago de Claire se endureció.

—¿Tu familia inventó que yo era tu exesposa y que mi hija era tu hija secreta?

—No para lastimarte a ti —dijo Ć©l rĆ”pidamente.

Claire lo miró con frialdad.

—QuĆ© consuelo.

Daniel cerró los ojos.

—Mi padre quiere que vuelva a casarme con Victoria Hales.

El nombre no significó nada para Claire, pero la forma en que Daniel lo dijo sí.

Como si Victoria fuera una jaula.

—¿Y yo quĆ© tengo que ver?

—TĆŗ eres el problema —susurró Ć©l.

Aquello dolió mÔs de lo que Claire quiso admitir.

Daniel dio un paso hacia ella.

—No asĆ­. Claire, desde que te conocĆ­, dejĆ© de obedecer llamadas. CancelĆ© reuniones. DejĆ© de ir a cenas familiares. Mi padre notó que algo habĆ­a cambiado.

—Y decidió destruirme.

—Decidió advertirme.

Claire apretó la tablet contra su pecho.

—Usando a mi hija.

Daniel no respondió.

Y ese silencio fue peor que cualquier disculpa.

En ese momento, el teléfono de Daniel comenzó a sonar.

Ɖl miró la pantalla y palideció.

Claire vio el nombre antes de que Ʃl pudiera ocultarlo.

Victoria.

—Contesta —dijo ella.

—Claire—

—Contesta.

Daniel aceptó la llamada y la puso en altavoz.

Una voz femenina, suave y elegante, llenó el apartamento.

—Daniel, querido. Tu padre estĆ” furioso. La prensa ya estĆ” esperando fuera de tu edificio.

Daniel apretó la mandíbula.

—¿TĆŗ filtraste la foto?

Victoria soltó una risita.

—Por supuesto que no. Yo habrĆ­a escogido una mejor.

Claire sintió nÔuseas.

—¿QuiĆ©n estĆ” ahĆ­ contigo? —preguntó Victoria de pronto.

Daniel guardó silencio.

Victoria suspiró.

—Ah. La librera.

Claire dio un paso hacia el telƩfono.

—La librera tiene nombre.

Un silencio breve.

Luego Victoria rió suavemente.

—QuĆ© adorable.

Daniel cortó la llamada.

Demasiado tarde.

Porque segundos despuƩs, desde la ventana del apartamento, Claire vio el primer destello de una cƔmara en la calle.

Luego otro.

Y otro.

Periodistas.

Daniel llegó a la ventana y su rostro cambió por completo.

—Tenemos que salir de aquĆ­.

—No voy a huir de mi propia casa.

—Claire, no entiendes de lo que son capaces.

—Entonces explĆ­camelo.

Daniel la miró con una tristeza que parecía antigua.

—La Ćŗltima mujer a la que mi padre quiso apartar de mĆ­ perdió su trabajo, su reputación y terminó mudĆ”ndose a otro paĆ­s.

Claire se quedó helada.

—¿Y tĆŗ lo permitiste?

La pregunta lo golpeó.

—Yo era mĆ”s joven.

—Eso no es una respuesta.

Daniel bajó la mirada.

—No. No lo es.

De pronto, Lily salió del cuarto abrazando su unicornio de peluche.

—Mami… hay gente abajo.

Claire sintió que todo dentro de ella se tensaba.

Daniel se arrodilló frente a la niña.

—Lily, necesito que confĆ­es en mĆ­. Vamos a ir a un lugar seguro.

Lily miró a su madre.

No a Daniel.

Y eso hizo que Claire recordara quiƩn importaba realmente.

No los Mercer.

No Victoria.

No los titulares.

Su hija.

—Cinco minutos —dijo Claire.

Daniel asintió.

Mientras empacaba ropa para Lily, Claire escuchó a Daniel hablando en voz baja por teléfono.

—No al hotel. No a mi edificio. Mi padre revisarĆ” ambos… SĆ­, la casa del lago.

Claire salió con una mochila en la mano.

—¿Casa del lago?

—EstĆ” a nombre de una fundación privada. Nadie deberĆ­a encontrarla.

—¿DeberĆ­a?

Daniel no respondió.

Tomaron el ascensor de servicio mientras los periodistas golpeaban la entrada principal del edificio. Lily apretaba su peluche contra el pecho. Claire sostenía su mano tan fuerte que temió lastimarla.

Abajo, un coche negro los esperaba en el callejón trasero.

Pero antes de subir, Claire vio algo extraƱo.

Un hombre parado bajo la lluvia, al otro lado de la calle.

No llevaba cƔmara.

No gritaba preguntas.

Solo observaba a Lily.

Y cuando Claire lo miró directamente, el hombre sonrió.

Luego levantó una mano.

Como si la saludara.

Claire sintió un escalofrío.

—Daniel…

Ɖl siguió su mirada.

Y su rostro perdió todo color.

—Entra al coche. Ahora.

Durante el viaje, nadie habló.

La ciudad quedó atrÔs poco a poco, reemplazada por carreteras oscuras y Ôrboles mojados. Lily se quedó dormida con la cabeza sobre el regazo de Claire. Daniel miraba constantemente por el espejo retrovisor.

Claire finalmente susurró:

—¿QuiĆ©n era ese hombre?

Daniel tardó demasiado en responder.

—Trabajaba para mi padre.

—¿Trabajaba?

—Se suponĆ­a que estaba muerto.

El miedo se instaló en el coche como una cuarta persona.

Claire miró a Lily dormida.

—Daniel, ĀæquĆ© diablos estĆ” pasando?

Ɖl respiró hondo.

—Hace siete aƱos descubrĆ­ que Mercer Holdings movĆ­a dinero para polĆ­ticos, jueces y empresas fantasma. Mi padre lo llamaba protección. Yo lo llamaba crimen.

Claire sintió que se le secaba la boca.

—¿Y quĆ© hiciste?

—IntentĆ© denunciarlo.

—¿Intentaste?

Daniel sonrió sin alegría.

—Mi hermano murió una semana despuĆ©s.

El silencio que siguió fue brutal.

—Lo hicieron parecer un accidente —continuó—. DespuĆ©s de eso, entendĆ­ el mensaje.

Claire lo miró con horror.

—¿Por quĆ© no me dijiste nada?

—Porque mientras menos supieras, mĆ”s segura estabas.

—Eso nunca funciona en las historias, Daniel.

Ɖl soltó una risa triste.

—Lo sĆ©.

La casa del lago apareció casi una hora después, escondida entre pinos, con luces cÔlidas encendidas en el porche. Era hermosa. Demasiado hermosa para sentirse real.

Dentro olĆ­a a madera, lluvia y abandono caro.

Daniel preparó té. Claire llevó a Lily a una habitación pequeña con mantas suaves y cortinas azules. Cuando la niña por fin quedó dormida, Claire regresó a la sala.

Daniel estaba de pie frente a la chimenea apagada.

—MaƱana harĆ© una declaración pĆŗblica —dijo—. DirĆ© que la noticia es falsa y que ustedes no tienen relación conmigo.

Claire sintió un dolor absurdo.

—¿Eso quieres?

Ɖl la miró.

—Eso las mantendrĆ” vivas.

—No preguntĆ© eso.

Daniel permaneció en silencio.

Claire se acercó lentamente.

—Me trajiste a tu mundo sin preguntarme. Ahora no puedes decidir solo cómo sacarme de Ć©l.

Por primera vez, Daniel pareció quebrarse.

—Tengo miedo de que mi padre te quite todo.

—Yo ya he perdido mucho —dijo Claire—. Pero nadie va a usar a mi hija para controlar a un hombre adulto.

Daniel bajó la cabeza.

Entonces sonó el teléfono de la casa.

Ambos se quedaron inmóviles.

Daniel miró el aparato antiguo junto al sofÔ.

—Nadie tiene este nĆŗmero.

El timbre volvió a sonar.

Claire sintió que la piel se le erizaba.

Daniel contestó lentamente.

No dijo nada.

Solo escuchó.

Y poco a poco, su rostro se transformó en una mÔscara de terror.

Luego una voz masculina sonó desde el auricular, tan fuerte que Claire también pudo oírla.

—Hola, hijo.

Daniel cerró los ojos.

—Padre.

Claire dejó de respirar.

La voz del seƱor Mercer era tranquila.

Demasiado tranquila.

—Me decepciona que eligieras esta casa. Tu madre siempre dijo que eras sentimental.

Daniel apretó el teléfono.

—Si tocas a Claire o a Lily—

—¿Lily? —interrumpió su padre suavemente—. QuĆ© nombre tan bonito.

Claire sintió que el corazón se le detenía.

Desde el pasillo, una tabla del suelo crujió.

Claire giró de golpe.

La puerta de la habitación de Lily estaba abierta.

VacĆ­a.

El unicornio de peluche yacĆ­a en el suelo.

Daniel soltó el teléfono y corrió.

Claire gritó el nombre de su hija.

Pero la casa respondió con silencio.

Entonces, sobre la mesa de noche, encontraron una nota doblada.

Daniel la abrió con manos temblorosas.

Solo habĆ­a una frase:

ā€œAhora entenderĆ”s lo que se siente perder a alguien.ā€

Claire sintió que el mundo se rompía debajo de sus pies.

Y desde el bosque, a lo lejos, se escuchó la risa asustada de Lily… seguida por una voz masculina que dijo:

—Corre, pequeƱa unicornio.

…Si quieres saber quĆ© sucede despuĆ©s, escribe ā€œSĆā€ y ā€œMe gustaā€.

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