Este acto de desafÃo, que ya no son meras palabras vacÃas, podrÃa desembocar en una lucha sin cuartel.
El estruendo del silencio en el gran salón de la mansión de los Alcázar era más ensordecedor que cualquier grito. […]
El estruendo del silencio en el gran salón de la mansión de los Alcázar era más ensordecedor que cualquier grito. […]
El estruendo del jarrón de cristal rompiéndose contra el suelo de mármol fue el único sonido que logró callar las
La sala de la mansión de los Valenzuela olÃa a opulencia y a un miedo que se podÃa cortar con
La casa de la calle Olmos siempre olÃa a jazmines y a una limpieza quirúrgica que daba miedo. Era el
El hospital olÃa a una mezcla insoportable de desinfectante barato y miedo. Un olor que se te pega a la
LucÃa cruzó el umbral de la mansión de los Arango con una sonrisa que habrÃa envidiado un ángel. Llevaba en
La alarma de la joyerÃa no sonó, y ese fue el primer error de cálculo de todos los que estaban
Don Eusebio contaba las monedas sobre la mesa de madera carcomida como si estuviera operando un corazón abierto. Sus dedos,
La pluma pesaba más que un lingote de oro. Mis dedos temblaban tanto que el capuchón de plata chocaba contra
La mañana comenzó con un silencio sepulcral, de esos que duelen en los oÃdos. Julián, el hombre al que todos