📘 Full Movie At The Bottom 👇👇
El aire abandonó mis pulmones.
Marcus.
Mi hermano menor.
El único miembro de mi familia que todavía trabajaba dentro de la empresa.
Sentí un zumbido violento dentro de mi cabeza mientras permanecía inmóvil en la cama, fingiendo seguir profundamente dormida.
Judith cerró lentamente la carpeta médica.
—Ya sospecha demasiado —susurró—. Y después de lo que vio en la oficina el viernes, podría convertirse en un problema.
Logan soltó un suspiro irritado.
—Marcus siempre fue emocional. Gwen lo protege demasiado.
Hailey cruzó los brazos.
—Entonces sáquenlo de la empresa antes de que empiece a hacer preguntas.
Mi corazón latía tan fuerte que pensé que podrían escucharlo.
Preguntas.
Dios mío.
Marcus había visto algo.
Y por eso estaban hablando de él como si fuera una amenaza.
Judith se acercó un poco más a mi cama.
Podía oler su perfume caro mezclado con el aroma metálico de las páginas médicas.
—Primero terminamos con Gwen —dijo tranquilamente—. Después resolveremos lo de Marcus.
Resolveremos.
Aquella palabra me heló más que cualquier otra cosa.
Porque la gente como Judith nunca usaba palabras violentas cuando planeaba destruir a alguien.
Ella sonreía mientras lo hacía.
Logan tomó mi botella de medicamentos de la mesita de noche.
—Las nuevas dosis están funcionando —murmuró—. Hoy volvió a olvidar una reunión importante.
Hailey soltó una pequeña risa.
—Ya nadie en la junta la toma en serio.
Sentí náuseas.
No estaba perdiendo la memoria.
Me estaban drogando.
Todos aquellos meses de cansancio extremo, confusión, mareos, lagunas mentales…
No era estrés.
Era un plan.
Mi esposo estaba destruyéndome lentamente para declararme inestable y robar mi empresa.
Y su amante estaba observando todo desde primera fila.
Judith volvió a hablar:
—El psiquiatra entregará el informe en menos de dos semanas. Una vez firmado, el tribunal aprobará la internación temporal sin demasiados problemas.
Internación.
La palabra atravesó mi cuerpo como una cuchilla.
Querían encerrarme.
Quitarme el control de mi empresa.
Mis acciones.
Mi vida.
Y luego divorciarse de mí mientras yo estaba sedada en una clínica psiquiátrica.
Logan se inclinó sobre la cama lentamente.
Sentí su mano apartándome el cabello del rostro con una ternura tan falsa que casi me hizo vomitar.
—Pobre Gwen —susurró—. Nunca debiste pelear conmigo.
Tuve que morder el interior de mi mejilla para no reaccionar.
Hailey observó mi rostro unos segundos.
—¿Y si despierta?
—No lo hará —respondió Logan—. Las cápsulas nuevas la dejan inconsciente durante horas.
Judith asintió satisfecha.
—Perfecto.
Luego ocurrió algo aún peor.
Hailey se acercó al espejo de mi habitación y sonrió mientras observaba mi reflejo dormido.
—Cuando todo termine… ¿qué haremos con la mansión?
Logan soltó una pequeña risa.
—Véndela probablemente. Gwen siempre tuvo un gusto demasiado dramático para decorar.
Los tres rieron suavemente.
Y algo dentro de mí murió.
No porque quisiera la mansión.
Sino porque comprendí finalmente algo devastador.
Nunca me habían amado.
Ni siquiera un poco.
Todo había sido actuación.
Logan besándome antes de reuniones importantes.
Logan llevándome flores.
Logan abrazándome cuando moría mi padre.
Todo.
Absolutamente todo.
Mentira.
Finalmente salieron de la habitación.
Esperé exactamente diez minutos antes de moverme.
Luego me levanté lentamente.
Las piernas me temblaban.
No de miedo.
De furia.
Caminé hacia el baño y saqué las cápsulas restantes del frasco.
Las observé bajo la luz.
Blancas.
Inofensivas a simple vista.
Pero acababan de destruir meses de mi vida.
Saqué el teléfono oculto detrás de la caja de maquillaje y llamé inmediatamente a una sola persona.
Marcus.
Contestó después del segundo tono.
—¿Gwen?
Su voz sonaba agotada.
Asustada.
—No tomes nada de nadie —susurré inmediatamente—. Escúchame con atención. Logan y Judith están planeando algo.
Silencio absoluto.
Luego:
—Dios mío… tú también lo sabes.
El suelo pareció desaparecer bajo mis pies.
—¿Qué viste?
Marcus respiró agitadamente.
—Entré accidentalmente a la oficina privada de Logan el viernes. Había documentos sobre transferencia de activos… evaluaciones psiquiátricas… tu nombre estaba en todas partes.
Cerré los ojos.
Era real.
Todo era real.
Marcus bajó aún más la voz.
—También vi pagos.
—¿Pagos?
—A un doctor.
El aire se volvió pesado dentro de mi pecho.
Claro.
El psiquiatra estaba comprado.
—Marcus, necesito que salgas de la empresa inmediatamente.
—No puedo.
Abrí los ojos.
—¿Qué?
Hubo una pausa demasiado larga.
Luego dijo algo que hizo que el miedo regresara violentamente.
—Creo que me están siguiendo.
Sentí hielo recorriendo mi espalda.
—¿Dónde estás?
—En mi apartamento.
Miré la hora.
2:41 a.m.
—Escúchame bien. Cierra la puerta y no abras a nadie.
Marcus respiró agitadamente.
—Gwen… hay algo más.
Mi mano comenzó a temblar alrededor del teléfono.
—¿Qué pasa?
Y entonces dijo las palabras que destruyeron cualquier esperanza de que aquello fuera solamente una pelea por dinero.
—Creo que mamá sabía.
Mi corazón se detuvo.
—No.
—La vi hablando con Judith hace semanas. Discutían sobre tu “tratamiento”. Pensé que estaban preocupadas por ti.
Sentí náuseas instantáneamente.
Mi madre había muerto hacía dos años.
Judith era mi suegra.
La única figura materna que me quedaba.
Y aparentemente llevaba meses planeando encerrarme.
Las lágrimas comenzaron a llenar mis ojos, pero las forcé a desaparecer.
No podía derrumbarme.
Todavía no.
—Marcus, escucha…
Un ruido lo interrumpió.
Algo fuerte.
Como una puerta cerrándose.
Luego silencio.
—Marcus?
No respondió.
—¡Marcus!
Escuché respiración acelerada.
Después un susurro aterrado:
—Hay alguien afuera.
El terror explotó dentro de mí.
—Llama a la policía ahora mismo.
—No sé si alcance—
La llamada se cortó.
Me quedé inmóvil.
Mirando la pantalla.
Intentando respirar.
Volví a marcar inmediatamente.
Sin respuesta.
Otra vez.
Nada.
Mi cuerpo entero comenzó a temblar.
No.
No.
No.
Corrí hacia el vestidor, saqué un abrigo y tomé las llaves del coche.
Necesitaba llegar hasta Marcus.
Ahora.
Bajé las escaleras de la mansión en silencio absoluto.
Todo estaba oscuro.
Demasiado oscuro.
Pero al llegar al vestíbulo principal me congelé.
Porque alguien estaba sentado en la sala.
Judith.
Esperándome.
Llevaba una bata de seda negra y una copa de vino en la mano.
Como si hubiera sabido exactamente que yo bajaría.
Sonrió lentamente.
—Qué extraño —dijo suavemente—. Pensé que las cápsulas ya deberían haberte dormido.
Sentí que mi sangre se convertía en hielo.
Ella sabía.
Sabía que no las había tomado.
No respondí.
Judith dejó la copa sobre la mesa.
—Siempre fuiste inteligente, Gwen. Mucho más inteligente de lo que Logan entendía.
Mi corazón golpeaba violentamente.
—¿Qué le hicieron a Marcus?
Ella inclinó apenas la cabeza.
—Todavía nada.
Todavía.
La palabra casi me hizo perder el control.
—Si algo le pasa—
—¿Qué harás? —preguntó tranquilamente—. ¿Llamarás a la policía? ¿Y decirles qué exactamente? ¿Que tu esposo está preocupado por tu salud mental?
La odio que sentí en ese instante fue tan intensa que casi me mareó.
Judith se levantó lentamente.
—La gente cree fácilmente que una mujer es inestable cuando empieza a olvidar cosas, Gwen.
Dio un paso hacia mí.
—Especialmente cuando su propio esposo parece tan preocupado.
Otro paso.
—Especialmente cuando un psiquiatra prestigioso confirma el diagnóstico.
Otro.

—Especialmente cuando comienza a comportarse de manera paranoica.
Comprendí el verdadero horror del plan.
No solo querían encerrarme.
Querían hacer que nadie me creyera jamás.
Judith sonrió suavemente.
—Ya casi termina todo. Solo necesitabas cooperar un poco más.
Apreté las llaves tan fuerte que me lastimé la mano.
—¿Por qué?
Por primera vez, algo oscuro apareció en su rostro.
No alegría.
No satisfacción.
Resentimiento.
Profundo.
Antiguo.
—Porque tú obtuviste todo lo que mi hijo merecía.
La miré confundida.
Ella soltó una pequeña risa amarga.
—La empresa debía ser de Logan. Pero tu padre te dejó el control a ti.
Ahora entendía.
Dios mío.
Todo empezó incluso antes de nuestro matrimonio.
Judith se acercó lentamente.
—Logan te eligió porque era la manera más fácil de recuperar lo que nos pertenecía.
Las palabras me atravesaron brutalmente.
No fui una esposa.
Fui un objetivo.
Y entonces el teléfono de Judith comenzó a sonar.
Ella observó la pantalla.
Y algo inesperado ocurrió.
Su expresión cambió.
Miedo.
Real.
Contestó rápidamente.
—¿Qué pasó?
Silencio.
Luego escuché una voz masculina gritando del otro lado.
El color desapareció completamente del rostro de Judith.
—Eso es imposible.
Mi corazón comenzó a latir más rápido.
—¿Qué ocurre?
Ella no respondió.
Solo escuchaba.
Cada vez más pálida.
Finalmente colgó lentamente.
Y por primera vez desde que empezó aquella pesadilla… Judith parecía aterrada.
—¿Qué pasó? —repetí.
Ella levantó la vista hacia mí.
Y susurró algo que hizo que el verdadero horror comenzara.
—Marcus no llamó a la policía.
El aire abandonó mis pulmones.
—Entonces, ¿a quién llamó?
Judith tragó saliva.
Y respondió con una voz temblorosa que jamás pensé escucharle.
—A tu padre.
Me quedé helada.
Porque mi padre llevaba muerto más de diez años.
Y entonces todas las luces de la mansión se apagaron al mismo tiempo.
La oscuridad devoró la casa entera.
Y desde el piso superior… escuchamos pasos.
Lentos.
Pesados.
Acercándose.
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